¿Quién soy yo?

¿Cuántas veces te has hecho esa pregunta? es una de esas preguntas existenciales que, si no sabemos responder, pueden llegar a convertirse en un obstáculo a la hora de ser felices. Saber quién es uno mismo y hacia dónde queremos ir es una de las bases para encontrar bienestar no ya en los grandes proyectos, sino en todos los detalles de la cotidianidad.

Pero no poder responder a esta pregunta en un momento no quiere decir que todo esté perdido. Actualmente no hay nada que nos haga suponer que la capacidad para plantearse adecuadamente y responder con éxito la cuestión «¿quién soy yo?» sea en sí misma una capacidad innata, algo inamovible e independiente de nuestras elecciones y el ambiente en el que elegimos vivir.

¿Cuál es mi concepto del YO? ¿Qué creemos que somos?

Nuestra versión del YO puede llegar a ser, en la mayoría de los casos una versión muy delimitada y débil de lo que verdaderamente totaliza mi persona, sin darnos cuenta del material extraordinario con el cual estamos hechos, y que se ha venido moldeando y “cortando” desde la infancia de acuerdo a las estructuras familiares y sociales que nos han rodeado desde siempre…lo que llama “poda neuronal” en el cual nuestro cerebro va cortando poco a poco a través de los tiempos y va tomando forma nuestra realidad tal como lo comenta la couch española Itzanami.es…y lo que generalmente llamamos “creencias limitantes”.

Es necesario hacernos esta pregunta para poder seguir creciendo en cuerpo, mente y espíritu, pues es un indicador de si estamos en el camino correcto.

Aunque muchas mujeres no lo creen, muchos aspectos de nuestra propia personalidad son mejor conocidos por quienes nos rodean que por nosotros. ¿Por qué? Porque nuestra visión sobre mucho de lo que hacemos, está sesgada, inclusive, por nuestra estructura mental femenina, esa que precisamente hemos venido formando. Dado que nuestra vida es más importante para nosotros que para la mayoría, tenemos interés en deformar la realidad, la interpretación sobre lo que nos ocurre, para que encaje en esa narración que hemos creado para darle una respuesta a la pregunta de «quién soy»; la historia que supuestamente explica lo que es nuestra existencia. como individuos. Así pues, debemos ser humildes a la hora de extraer conclusiones acerca de quiénes somos, y admitir que siempre hay espacio para la rectificación.

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